Asociaciones universitarias (K-12)
Acuerdos de colaboración para la celebridad: estas asociaciones aportan a los profesores recursos, formación del profesorado y programas que vinculan la educación secundaria, técnica y superior con el desarrollo científico y la preparación profesional de la mano de obra.
Las escuelas K-12 pueden aprovechar las ventajas que ofrece la</b><i> </i></b>Universidad</b> salvando las distancias entre ambas con la ayuda de recursos especializados, profesorado veterano y métodos de enseñanza innovadores. Un ejemplo de ello es una universidad, que puede organizar talleres de desarrollo profesional para los profesores, ofrecerles acceso a instalaciones de investigación e introducir programas de doble matrícula que permitan a los estudiantes de secundaria obtener créditos universitarios y, así, finalmente, mejorar el proceso educativo.
Una forma de que las escuelas K-12 inicien asociaciones es ponerse en contacto con las universidades locales para averiguar las líneas en las que podrían colaborar. El proceso consiste principalmente en visitar a representantes de la universidad para incubar necesidades como el desarrollo de planes de estudios, programas de formación de mano de obra o proyectos conjuntos de investigación. Establecer objetivos inequívocos y compartir una visión común son los factores esenciales para el éxito de una asociación.
Los programas más comunes son las iniciativas de tutoría, los talleres de preparación para la universidad y las actividades de divulgación STEM. Un ejemplo de ello es la colaboración entre una universidad y un instituto local para organizar un campamento científico de verano en el que estudiantes universitarios ayudan a enseñar a alumnos de primaria y secundaria, lo que aumenta el interés por las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas y el aprendizaje práctico.
Las escuelas K-12 pueden enfrentarse a problemas como seguir el mismo calendario académico, tener culturas organizativas diferentes y distribuir los recursos. Además, es necesario que ambas partes se pongan de acuerdo y estén dispuestas a hacerlo. Por ejemplo, las escuelas y universidades deben acordar horarios que convengan tanto a los estudiantes como a los profesores para la correcta aplicación del programa.